La ciudadanía suena la alarma del clima


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Bogotá, Colombia. Foto: Esmeralda Rodríguez.

La parte más aterradora del cambio climático es ver a los políticos comportándose como si la emergencia que tenemos no fuera una preocupación inmediata.

El pasado domingo, 21 de septiembre, las calles de varias ciudades del mundo se llenaron del sonido de arengas, música y protestas por parte de los que marcharon contra el cambio climático.

La “alarma por el clima” reunió a miles de personas para dar un mensaje contundente acerca de la gran emergencia que representa el cambio climático y que cada vez se define más como un gran reto para la humanidad.

Lo que es más aterrador sobre esta amenaza no son los interminables informes científicos sobre el derretimiento de los casquetes polares o hielos de montaña ni las múltiples cosechas arruinadas por la sequía o las inundaciones ni el aumento del nivel de los mares. Lo que más perturba es conocer toda esta información y aún así, ver a los llamados “líderes” actuar como si esto no fuera un asunto de extrema importancia. Como si lo que pasa en un lado del planeta no afectara de manera simultánea en el otro lado.

Bogotá, Colombia. Foto: Esmeralda Rodríguez.

Bogotá, Colombia. Foto: Esmeralda Rodríguez.

Ahora, cuando con urgencia reconocemos que nos encontramos ante una verdadera crisis, es que se hace imperativo promulgar políticas ambientales osadas y disponer de los recursos económicos necesarios para evitar este calentamiento catastrófico.

No se trata solamente de que nuestros líderes NO nos están llevando de los combustibles fósiles hacia energías renovables, que resultan más tecnológicas y económicamente más factibles; sino que por el contrario, la mayoría de ellos están doblando esfuerzos en obtener con más ahínco esas fuentes responsables de la crisis del clima, animando a las industrias extractivas a seguir excavando para obtener combustibles fósiles que emiten más gases de efecto invernadero como el petróleo obtenido de las arenas bituminosas, el gas proveniente del fracking o el carbón lignito, todos estos extremadamente contaminantes.

Bogotá, Colombia. Foto: Esmeralda Rodríguez.

Bogotá, Colombia. Foto: Esmeralda Rodríguez.

Frente a tan absurdas contradicciones, la mayoría de nosotros realizamos todo tipo de trucos mentales para tratar de reconciliar lo irreconciliable. Pensamos que estos científicos ambientalistas deben estar exagerando o que debemos tener más tiempo para cambiar las cosas o que, tal vez, los expertos están a punto de encontrar una solución de última tecnología. ¿Pero alguien realmente cree que esto va a pasar como por arte de magia?

La marcha ciudadana del pasado domingo cumplió con varios propósitos, se logró que los ciudadanos se reunieran bajo una misma preocupación,  elevando la moral y ejerciendo presión política. Esta voz conjunta de alarma ayudó a alinear nuestras acciones con nuestras emociones y mostramos que estamos conscientes de lo que esta sucediendo a lo largo del mundo. No solamente marchamos para darle un mensaje a los politicos sino a nuestros conciudadanos, declarando la emergencia y sonando la alarma del clima desde abajo, al igual que los movimientos sociales lo han hecho siempre.

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Bogotá, Colombia. Foto: Esmeralda Rodríguez.

Los verdaderos líderes no son aquellos sujetos que se reúnen en la Naciones Unidas sino las personas de a pie, en las calles: tanto los que han obtenido una moratoria contra el fracking en sus regiones como los que aún están luchando para detener esta absurda tecnología extractiva en sus países o aquellos, que buscan garantizar el derecho al agua y exigen una política ambiental basada en la sostenibilidad.

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Bogotá, Colombia. Foto: Esmeralda Rodríguez.

El pasado 21 de septiembre, pudimos ver comunidades indígenas reclamando respeto por su derecho a la tierra, tratando de detener la expansión de proyectos mineros. Vimos agricultores locales demandando su derecho al trabajo y al uso libre de las semillas heredadas por sus abuelos. De igual manera, los grupos de justicia ambiental que luchan por la protección de páramos, de las selvas y los bosques. Y muchos otros ciudadanos que exigen una educación ambiental y el abandono de las energías dependientes de los combustibles fósiles puesto que esto, hoy en día, representa una apuesta inmoral contra el futuro de todos nosotros.

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Bogotá, Colombia. Foto: Esmeralda Rodríguez.

Estas son las personas que demostraron lo que significa actuar frente a esas advertencias terribles de los científicos del clima. Definir el cambio climático como un peligro claro y presente, no es la solución al problema pero sí es el primer paso.

Expresar colectivamente nuestro sentido de urgencia nos ayudará a resistir el próximo intento por parte de nuestros líderes de decirnos que es más importante el crecimiento de la economía o los planes de austeridad, por encima de la estabilidad del planeta. Esta sensación unánime nos permitirá exigir medidas más audaces para implementar el uso de energías renovables y avanzar hacia una economía sostenible en el poco tiempo que nos queda.

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Bogotá, Colombia. Foto: Esmeralda Rodríguez.

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